Mi Factor X
- subjeidi rosario
- May 27, 2022
- 3 min read
Updated: Nov 18, 2025
Escrito en Marzo 15, 2017

En nuestro diario vivir nos encontramos con situaciones y momentos en los que simplemente no sabemos qué hacer, pensar o sentir.
Cuando estudiaba en la escuela, nos presentaban esos problemas de matemáticas donde había que encontrar el valor del famoso factor X. Definitivamente, era una de las clases que menos disfrutaba: tan complicada y, a la vez, tan sencilla. Aun así, ese “factor X” siempre tenía un valor, aunque existieran mil formas de llegar a él.
Hoy entiendo que la vida es muy parecida a esos problemas. Y así mismo me siento ahora.
Los chequeos de rutina del doctor no deberían asustar a nadie, pero desde el principio yo sabía que algo no andaba bien. El cansancio, el agotamiento físico, el sueño constante, los moretones en todo el cuerpo… mi cuerpo parecía la escena de un crimen, solo que el culpable vivía dentro de mí. Esas señales gritaban que algo estaba mal.
No llevaba una vida saludable: no hacía ejercicio, comía mal, y no tomaba suplementos ni vitaminas. Así que, en el fondo, era de esperar que las noticias no fueran favorables.
Recuerdo perfectamente las palabras de mi doctora:
“Lamento tener que decirte esto, pero…”
En ese instante sentí que mi mundo se vino abajo. No porque no me lo esperara, sino por la confirmación. Leucemia en fase crónica.
Aprendí que los pacientes con leucemia en fase crónica suelen tener menos del 10% de blastos en la sangre o la médula ósea. Generalmente presentan síntomas leves y responden bien a los tratamientos. La mayoría es diagnosticada en esa fase… pero yo ya estaba entrando en la fase acelerada.
Los primeros tres meses de tratamiento fueron durísimos. Dolor, fiebres, hematomas, cansancio… incluso perdí parte de mi cabello. Fueron muchas noches de llanto, enojo y tormento.
Tantas veces llegué a casa con ganas de rendirme, llorando en silencio para no preocupar a mi madre. Buscaba mil razones para seguir adelante, pero no encontraba ni una sola para seguir viva. Mi propia mente me traicionaba, jugaba conmigo como si fuera un tablero de ajedrez.
No quería continuar. Quise rendirme desde el día uno.
Pero el motor de mi vida, mi madre, no merecía eso de mí.
Puedo decir con los ojos cerrados que gracias a ella logré vencer esa oscuridad. Ella fue mi luz al final del túnel.
Estoy infinitamente agradecida por la madre que Dios me regaló. Fue mi apoyo en los momentos más duros, aunque tuve que prepararla mentalmente para esta batalla, para mi factor X.
Tuve que buscar fuerza en ella, aunque muchas veces yo era quien intentaba dársela. Fueron incontables las veces que me sacó del cuarto aun cuando yo no quería, inventando cualquier pretexto para que hablara, para que no me encerrara en mi dolor.
Todo en mí cambió: mi ánimo, mi actitud ante la vida, mi manera de ver las cosas. Mi personalidad se fortaleció, mi carácter maduró de golpe, y la coraza que creé alrededor se convirtió en un escudo impenetrable… pero en el proceso, me perdí a mí misma.
Cuando me miraba al espejo, ya no reconocía a la persona reflejada.
Mi mirada había perdido el brillo que siempre me delataba, y mi sonrisa… solo diré que sonreír no siempre significa estar alegre.
Hasta que un día miré a mi madre a los ojos y le dije:
“Hasta aquí permito ser víctima de mí misma.”
Gracias, mami.
Gracias porque, si en un futuro no muy lejano salgo de esta horrible pesadilla, sabré que al final de todo este problema tú fuiste mi valor más alto, el más importante, amoroso y comprensivo de mi factor X.
Te amo. ❤️



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